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La Ley de Almirantazgo Marítima

¿Por qué al nacer nos convertimos en un mero valor económico? ¿Por qué, por esa misma razón, perdemos nuestra libertad? ¿Por qué en cualquier certificado de nacimiento o fallecimiento, documento de compra venta, número de seguridad social, pasaporte, carnet de conducir o documento de identidad figura nuestro nombre en letras capitales? ¿Por qué nuestra vida está vinculada a meros documentos si al nacer lo hacemos libres y con derechos naturales inalienables?

Lamentablemente, al nacer nos convertimos en un producto o valor financiero, intercambiable o vendible como meras acciones de capital, que a su vez nos reduce a esclavos de un sistema impuesto por las corporaciones bancarias en connivencia con algunos gobiernos mundiales. Las bases legales de este sistema impuesto se hayan en la Ley del Almirantazgo Marítima o Ley Marítima; en oposición a la Ley Civil, aplicable en tierra firme.

Jordan Maxwell
Jordan Maxwell

El americano Jordan Maxwell, investigador y escritor especializado en teología, sociedades secretas, etimología y ufología, nos ofrece una brillante explicación acerca de la Ley Marítima:

Peter Joseph
Peter Joseph

También, basado en el trabajo e investigaciones de Jordan Maxwell, la serie Zeitgeist (Cymática), de Peter Joseph, nos habla de la Ley Marítima en el siguiente video:

Buscando información complementaria para redactar el post, he localizado este artículo relacionado con la Ley Marítima en la página Astillas de Realidad:

Enlazo un video que circula por YouTube que demuestra cómo denunciando la ficción del “hombre de paja” se puede salir airoso de un tribunal de justicia. El hombre que comparece ante el juez -la escena tuvo lugar en Canadá- reivindica su condición de humano soberano y se niega a traspasar la barrera que separa el espacio del tribunal -simbólicamente, hacerlo sería abordar un navío y someterse, de forma inmediata, a la ley marítima-, algo a lo que los agentes, pese al requerimiento del juez, no se atreven a obligarle, impresionados por la autoridad con que les exige que respeten su espacio y no le toquen.

En segundo lugar, pregunta al juez: “¿Quién es usted? Yo no lo reconozco, ni tampoco a usted (el fiscal) ni a usted (el notario)”. A continuación, cuando el juez pretende  identificarle citando su nombre y apellidos (usando una fórmula de identificación administrativa, es decir, corporativa) niega ser tal cosa, reconoce sólo su nombre de pila y afirma ser, simplemente, el humano que está allí presente, entregando al alguacil copia de unos documentos (es de suponer que el acta notarial de su renuncia a la ficción del “strawman” y su reivindicación de ser un hombre libre, sujeto solo a la ley natural).

A partir de ese momento el juez se da cuenta de que no puede aplicar una ley de corporaciones a un ser humano, y se retira, anunciando un receso, momento en que el acusado proclama en voz alta: “Que quede constancia de que el juez ha abandonado LA CORTE y EL BARCO”. El juicio ha terminado: la causa queda automáticamente suspendida y el acusado abandona tranquilamente la corte, sabiendo que de la acusación bajo la que ha sido citado no puede derivarse ningún perjuicio ya para él (“dismissed without prejudice” es la fórmula anglosajona, desgraciadamente, nadie se ha tomado el trabajo de traducir este video al castellano, aunque su sentido es absolutamente claro).