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La estructura fundamental de la creación

En la entrega anterior de “El patrón sagrado” (6 de abril) pudimos ver cómo los <<ladrillos de la creación>>, los números Pi (π) y Phi (Φ), constituyen los pilares de los sólidos platónicos y cuya presencia otorga forma, proporción y belleza a la materia; tanto si ésta tiene vida propia, como si es inerte, en una armonía y frecuencia asombrosas. Algo que supieron ver Pitágoras, Platón, Phideas, Leonardo Da Vinci, Kepler, y tantos otros matemáticos, filósofos, arquitectos, pintores y escultores a lo largo de la historia.

A través del estudio de este patrón sagrado, más conocido como Geometría Sagrada, podemos tener un amplio conocimiento de la composición del macrocosmos y del microcosmos, pues nada es casualidad y todo está perfectamente predeterminado. Como diría el físico, astrónomo y matemático británico Sir James Hopwood Jeans (1877-1946): ¿Es Dios un matemático?

Tras un breve paseo por la historia de la geometría, estudiada y venerada desde las antiguas civilizaciones -griegos, babilonios, sumerios, egipcios, hebreos, hindúes, incas, mayas, etc.- hasta la actualidad, retomamos nuestro camino para comprender cómo los conceptos de la física cuántica y la teoría relativista adquieren una explicación lógica y coherente mediante la geometría sagrada; y, a través de la esencia, la comunión con lo espiritual.

Fue después de años de búsqueda de alguna pista que me llevara a encontrar respuestas acerca de  ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? y  ¿hacia dónde vamos?, que tuve la gran fortuna de ver algunos de los videos correspondientes a unas conferencias impartidas por Nassim Haramein, en Reno; y por Drunvalo Melchizedeck, en México; ambas grabadas en el año 2003.

Estas conferencias abrieron mi mente de tal modo que no pude evitar emocionarme. Jamás pensé que aquellos videos, que en principio sólo parecían hablar sobre conceptos de física y geometría basados en los cinco sólidos platónicos, pronto se iban a convertir en la llave del conocimiento que uniera todas las piezas del rompecabezas que giraban en mi interior.

El fractal tridimensional, es la matriz de equilibrio de vectores que crecen en una escala perfecta igual a la mitad del radio de una escala armónica u octavas, el único que existe generado a partir de ocho estrellas tetraédricas que unidas crean el equilibrio de vectores; de modo que 8 tetraedros apuntando hacia fuera crean la radiación y otros ocho apuntando hacia dentro generan el equilibrio de vectores en el medio, formando el horizonte de sucesos necesario para generar la retroalimentación de la creación.

Nassim Haramein

Espero y deseo que el lector encuentre igualmente respuestas a sus preguntas en estos videos y comentarios. En cualquier caso, el objetivo principal es el de difundir el conocimiento hallado, y forma parte del libre albedrío de cada cual discernir si desea aceptarlo o rechazarlo; siendo respetable cualesquiera de las dos opciones.

Lamentablemente la conferencia del 2003 efectuada por Nassim Haramein no goza de buena calidad debido a la época en que fue grabada, así que he elegido una conferencia posterior filmada en Hawái y que, a continuación, les invito a ver:

Video 1/4

Video 2/4

Video 3/4

Video 4/4

Aunque Nassim Haramein no lo menciona, es importante la relación o similitud entre el “Tetragrammaton” cabalista, que representaba a Dios;  y el “Tetraktys” griego, para quiénes simbolizaba el todo, la unidad, la creación universal. En ambos casos, representa la máxima expresión de lo sagrado, lo que desde mi punto de vista sugiere que se trataba de una misma cosa, pues ambos estaban asociados a la creación.

Para aquel lector que desee ver otra conferencia de Nassim Haramein, adjunto el primero de un total de 7 videos, correspondiente a la conferencia que realizó en Australia en febrero de 2010: Geometría Sagrada y Campos Unificados

Y bien, ahora que ya estamos familiarizados con los principios de la geometría y su vinculación con la creación del universo desde una visión más propia de la ciencia a través de Nassim Haramein, vamos a ver otra perspectiva de los sólidos platónicos a través de la espiritualidad. En este caso, lo haremos de la mano de Drunvalo Melchizedeck.

Parte 1/2

Parte 2/2

En una nueva entrega, nos adentraremos un poco más en la Geometría Sagrada a través de Richard Hoagland y Dan Winter. Invito al lector a seguirnos en este apasionante paseo.

Numerología – Proporción Áurea – Sólidos Platónicos

Retomamos el anterior post donde hablábamos de los armónicos, para adentrarnos en los números y la relación de ambos con el modelo de la creación universal, fuente de la filosofía pitagórica.

Sin duda, entre los lectores habrá quiénes conozcan todo lo relacionado con los pitagóricos y su legado, pero consideramos que estas breves nociones son necesarias para poder entender la Convergencia Armónica, objeto también de estudio de la filosofía, la espiritualidad y la física cuántica actual; lo que nos conduce a la Metafísica: rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad.

“Las matemáticas sólo son una forma de expresar las leyes que gobiernan los fenómenos”

Albert Einstein

Numerología

Por definición, es el “conjunto de creencias o tradiciones que establece una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas o espirituales“.

“Los números son la sustancia básica del cosmos. Las notas de la escala musical, los colores del arco iris, el movimiento de las estrellas, el crecimiento de las plantas, del cuerpo y la mente humanos…, la naturaleza entera podría ser descrita mediante la interacción de un número con otro”.

Gloria Garrido Ramos – Numerología, Edic. 2007

Para Pitágoras (s. VI a. C.) los números no sólo eran una creencia, sino que adquirían una importancia vital, pues a través de ellos es posible expresar la armonía que rige la concepción el universo y los ciclos o ritmos cósmicos. Armonía = Cosmos = Orden; Desorden=Caos.

Pitágoras asumía que toda expresión de vida y de la realidad podía interpretarse a partir de los números, los cuales adoptaban un aspecto místico y divino. Usando los dígitos del 1 al 9, a los que pueden reducirse todos los demás, podían expresar tanto el macrocosmos, como el microcosmos; es decir, interpretar el universo, así como la actividad humana a través de los números, en los cuales subyace la base del conocimiento de nuestra existencia.

Los orígenes de la numerología se remontan a tiempos inmemoriales, en época de los sumerios, babilonios, hebreos, caldeos, egipcios, brahmanes y chinos, los cuales usaban los números debido a su cualidad vibratoria tanto para la adivinación como para la protección divina.

Misticismo

La numerología adquiere especial relevancia en lo referente a las ciencias sagradas, conocidas también como ciencias esotéricas -cábala, alquimia, magia, astrología, etc.-, al ser los números el medio por el cual se transmitía el conocimiento oculto de la creación.

Las palabras, las letras, los nombres, incluso situaciones, pueden expresarse a través de los números. Asignando a las letras del alfabeto un valor numérico a través de una sencilla tabla es posible reducir a un sólo dígito los nombres y apellidos de las personas, al igual que la fecha de nacimiento. De este modo es posible, de un modo predictivo, determinar la personalidad del individuo así como los acontecimientos que puedan tener lugar en su vida.

Esto es debido a que cada número está asociado a una vibración determinada, la cual influye en el individuo tanto en el momento actual como en el de su nacimiento, además de su nombre y apellidos.

Tetraktys

El tetractys era una figura que los pitagóricos tenían por sagrada. A través de ella se podía representar que el 10 era la suma de los cuatro primeros números: 1+2+3+4 = 10. Número perfecto, clave de su doctrina, y símbolo de la creación universal.
Para los pitagóricos, la primera fila o el uno, representa la causa primera, lo Divino, origen de todas las cosas. La segunda fila representa la dualidad; la tercera, la tríada, los tres niveles del mudo: celeste, terrenal e infernal; y la cuarta, los cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire, que representan la creación.
Proporción Áurea

“Veo un orden en el universo, y las matemáticas son el modo de hacerlo visible”
May Sarton (1912 – 1995)

Al margen de los números naturales y enteros, existen otros dos números irracionales y relacionados con la geometría euclidiana que desde la antigüedad han fascinado a los matemáticos; Olga Garrido se refiere a ellos en su libro Numerología como <<los ladrillos cósmicos>>, pilares fundamentales de la Geometría Sagrada y, por lo tanto, de la creación.
El más conocido de ellos es Pi (π), cuyo valor equivale a 3,14159…, y supone la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Pi es utilizado en geometría pero también en el cálculo de probabilidades.
El otro número es Phi (Φ), que aún siendo menos conocido es mucho más fascinante que el anterior. Su valor es un número infinito e irrepetible que equivale a 1,6180339887…, y en el siglo XIX fue bautizado con el nombre de “Número Áureo”, “Proporción Áurea”, “Sección Áurea”, etc. Un libro publicado en Italia en el siglo XVI la denominó como “Proporción Divina”.
Aunque se le atribuye a Euclides (ca. 325 a. C. – ca. 265 a. C.) <<padre de la geometría>> el estudio formal del número áureo, éste ya existía en épocas anteriores a la vida del matemático griego, pudiéndose remontar a los antiguos babilónicos y sumerios. De igual modo sucede con el número Pi.
Euclides definía la proporción áurea de este modo:

“Se dice que un segmento está dividido en media y extrema razón cuando el segmento total es a la parte mayor como la parte mayor es a la menor”

Los pitagóricos mantuvieron en secreto los números irracionales por el hecho de que éstos no podían expresarse como una unidad, sino como relación o proporción entre los segmentos de una recta, lo que los hacía inconmensurables.

He aquí donde radica la atracción que sintieron los matemáticos de todos los tiempos como los griegos Pitágoras o Euclides, o posteriormente el matemático italiano Leonardo de Pisa (1170 – 1250), más conocido como <<Fibonacci>>, o el alemán Johannes Keppler, amén de los matemáticos actuales. Pero su atraccivo era tal que no se limitó a los matemáticos,  sino que acabó fascinando a biólogos, pintores, escultores, arquitectos, filósofos y psicólogos de todos los tiempos.

Curiosamente, los pitagóricos utilizaban el pentáculo o estrella pitagórica, como símbolo místico y un modo de reconocerse unos a otros. Sus lados y ángulos son iguales, los cuales tienen como medida la Proporción Áurea.

Pero, ¿por qué tanto revuelo por un simple número, se preguntarán?

Por asombroso que nos parezca, la Proporción Áurea tiene relación en temas tan dispares como el cuadro de Leonardo Da Vinci “La Última Cena”, la distribución de los pétalos de una flor y sus hojas, las conchas de un molusco, la arquitectura del Partenón, el ADN, las Pirámides de Egipto o la distribución y forma de los planetas y de las galaxias, <<que es a donde queremos llegar, y por ello era imprescindible hablar del Número Dorado y entender, como así lo hicieron los Pitagóricos, su relación con el todo>>.

Dicho de otro modo, la presencia de la Proporción Áurea denota belleza y armonía, por lo que algo que es armónico, es bello por naturaleza.

“Cuando trabajo con un problema, jamás pienso en la belleza. Sólo pienso cómo resolverlo. Pero cuando he terminado, si la solución no es bella, sé que está mal”.

Richard Buckminster Fuller (1895-1983)

No obstante, hubo que esperar hasta 1202, año en que Leonardo de Pisa (c. 1170 – 1250), más conocido como Fibonacci, publicase su conocido Liber abaci (Libro del ábaco), para que el mundo supiese de la importancia de la Proporción Áurea por su contribución a su expansión. Fibonacci, tenía unos profundos conocimientos de las matemáticas indoarábicas, de la cual aprendió el uso del ábaco, y de la geometría euclidiana, lo que le sirvió para el desarrollo de su conocida secuencia de Fibonacci: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233,… Es famoso el problema que planteó para la cría de conejos la cual daba como resultado la conocida secuencia, presente además en una gran cantidad de fenómenos sin relación entre sí.

Veamos el siguiente video de la Proporción Áurea, creado por Cristóbal Vila, a quién honramos desde aquí por este magnífico trabajo, donde se muestra gráficamente el concepto del Número Dorado y será mucho más fácil comprenderlo.

En este otro video vemos cómo Leonardo Da Vinci interpretó, en su famoso dibujo de “El Hombre de Vitruvio”, las medidas del cuerpo humano en proporción áurea encontradas por un arquitecto llamado Vitruvio.

Los Sólidos Platónicos

Los sólidos platónicos o sólidos regulares, como también se les conoce, son poliedros convexos de caras y ángulos iguales, y cuyos vértices unen el mismo número de caras. Aunque el primer conocimiento que se tiene de ellos procede de un yacimiento neolítico en Escocia alrededor del año 2000 a. C., es muy probable que su procedencia se remonte a la época de los babilonios y sumerios, pues Pitágoras vivió unos 22 años aprox. en Egipto, donde probablemente aprendió matemáticas de los sacerdotes egipcios, además de filosofía y religión. Tras la invasión de Egipto por el ejército persa, es probable que Pitágoras fuese llevado a Babilonia, donde entró en contacto con matemáticos de la antigua Mesopotamia. De hecho, unas tablillas encontradas en 1936 en Susa (Irán) demuestran que los Babilonios ya conocían la fórmula del área del pentágono.

Así pues, una vez más fueron los griegos, y concretamente lo pitagóricos, los que estudiaron estos cinco sólidos a nivel matemático a los que inicialmente llamaron sólidos pitagóricos, a la vez que los asociaron místicamente con los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. El quinto elemento, el dodecaedro, fue asociado con el cosmos.

El profesor Carlos Quesada, de la UAM (Universidad Autónoma de Madrid) se refiere a ellos en su publicación del 20/12/2006:

“Se cree que fue Empédocles (480 – 430 a.C.) quien por primera vez asoció el cubo, el tetraedro, el icosaedro y el octaedro a la tierra, el fuego, el agua y el aire respectivamente. Platón (447 – 347 a.C.) relacionó posteriormente el dodecaedro con la sustancia de la que estaban compuestas las estrellas, ya que por aquellos tiempos se pensaba que ésta habría de ser diferente a cualquiera de las de la Tierra. En su diálogo Timeo, Platón pone en boca de Timeo de Locri estas palabras: “El fuego está formado por tetraedros; el aire, de octaedros; el agua, de icosaedros; la tierra de cubos; y como aún es posible una quinta forma, Dios ha utilizado ésta, el dodecaedro pentagonal, para que sirva de límite al mundo”.

Fue a partir de ese momento en que los sólidos pitagóricos se denominaron sólidos platónicos. Más tarde, hacia el año 300 a C. será Euclides quien recoja este conocimiento en su libro Elementos.

La aportación de Pitágoras y sus discípulos es por tanto fundamental para entender el estudio de la geometría, y no olvidemos que fue él quien desarrolló el famoso teorema de Pitágoras: c² = a² + b², aplicable a todos los triángulos de ángulo recto.

En el siguiente documental, presentado por Carl Sagan, se nos explica la importancia de los sólidos platónicos para los pitagóricos y  el hallazgo del número irracional.

La importancia de los sólidos platónicos y su relación con la cosmogonía pitagórica era evidente, pues como dijimos anteriormente, los números eran la esencia de todas las cosas y a través de ellos se podía representar la creación. Tal es así, que el astrónomo alemán Johannes Kepler quiso demostrar que las distancias de los planetas al Sol podían obtenerse utilizando un modelo a gran escala compuesto por esferas en el interior de poliedros perfectos, como ya citamos anteriormente en “El patrón sagrado”.

En cualquier caso, hemos llegado al punto que queríamos con esta introducción a la geometría, pues es el pilar fundamental de la Geometría Sagrada, materia de estudio de nuestro próximo artículo.

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Armonía – El Patrón Sagrado

Armónicos

En nuestro último post nos hemos adentrado un poco en nuestra historia oculta, la cual retomaremos más adelante, pues es imprescindible para entender nuestro presente, conocer nuestro pasado,  y para conocer nuestro futuro entender nuestro presente. Uniendo los extremos, pasado y futuro, tendremos un mejor conocimiento del todo, de la causa u origen de la existencia.

“El hombre ignorante no es el iletrado, sino el que no se conoce a sí mismo; y el hombre instruido es ignorante cuando pone toda su confianza en los libros, en el conocimiento y en la autoridad externa para derivar de ellos la comprensión. La comprensión sólo viene mediante el propio conocimiento, que es darnos cuenta de nuestro proceso psicológico total. La educación, pues, en su verdadero sentido, es la comprensión de uno mismo, porque dentro de cada uno de nosotros es donde se concentra la totalidad de la existencia”

Krishnamurti

Las antiguas escuelas clásicas griegas o sociedades herméticas, como también se las conoce, poseían una amplia comprensión acerca de la existencia debido a sus estudios filosóficos, a través de los cuáles buscaban una lógica coherente para la misma.

La escuela pitagórica o Hermandad Pitagórica fue fundada por Pitágoras de Samos (ca. 580 – ca. 595 a. C.) y bajo su influencia estuvieron Platón y Aristóteles. Astrónomos, músicos, matemáticos y filósofos, los pitagóricos creían que todas las cosas son, en esencia, números. La principal característica de esta escuela era su cosmovisión, donde el universo es un conjunto ordenado en el que los cuerpos celestes guardan una disposición armónica que hace que sus distancias entre sí estén en proporciones similares a las correspondientes a los intervalos de la octava musical.

Si la armonía era musical, pero su naturaleza audible era de tipo numérico, entonces en todo aquello que hubiera armonía, el número resultaba ser la clave de todas las cosas. A ellos, por tanto, se les atribuye la creación de las leyes armónicas, y la escala musical. Por definición, armonía es el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, y su resultado siempre connota belleza.

“Para los pitagóricos, no sólo la tierra era esférica, sino que no ocupaba el centro del universo. La tierra y los planetas giraban a la vez que el sol en torno al fuego central o “corazón del Cosmos” (identificado con el número uno). Para ellos la esencia de las cosas era la Armonía de los contrarios lo cual constituía el límite que determina el ser preciso de las cosas en tanto que todo ser lo es dentro de determinados acontecimientos figuradores. La forma, progresión, armonía corporal no son caprichosos sino que son reglas que se ajustan a determinadas medidas proporcionales (armonía), pues el límite es control ante los desmanes, la cordura frente a las pretensiones desmedidas. Así, de esta manera, el límite constituía el equilibrio y la armonía, la fuerza que unía los contrarios.” Fuente: Wikipedia “Los pitagóricos

Los pitagóricos, cuyo principio filosófico estaba basado en el racionalismo numérico de los números enteros, mantuvieron en secreto el descubrimiento de los números irracionales, de la raíz cuadrada de dos,  pues alteraba los cimientos de su doctrina. Creían además en la reencarnación del alma, llevaban una vida ascética y vegetariana, y utilizaban símbolos para reconocerse entre ellos, como el Pentagrama.

Basándose en los estudios de los pitagóricos, el alemán Johannes Kepler (1571 – 1630) supuso que los movimientos de las esferas debían cumplir las leyes de la armonía y que estarían directamente relacionadas con el modelo Copernicano. Nicolás Copérnico, a su vez, desarrolló su teoría partiendo de La Teoría Heliocéntrica que mil años antes había elaborado el griego Aristarco de Samos (310 – 230 a. C.).

Kepler quiso demostrar que las distancias de los planetas al Sol podían obtenerse utilizando un modelo a gran escala compuesto por esferas en el interior de poliedros perfectos, conocidos como los sólidos platónicos, superponiendo sucesivamente unas en el interior de otras. Sin embargo, más tarde se daría cuenta que el modelo planetario no podía explicarse siguiendo el modelo de círculos concéntricos. A la muerte de su colega Tycho Brahe, quién disponía del mejor observatorio de la época,  tuvo acceso a su trabajo y comprobó que existían diferencias entre sus observaciones de la órbita de Marte y las realizadas por Tycho.  A través de este análisis obtuvo la verdadera órbita elíptica de Marte y la del resto de los planetas publicando en 1609 Astronomía Nova, donde dio a conocer sus famosas tres leyes.

En la imagen se representa el modelo elaborado por J. Kepler, el cual le sirvió para publicar en 1596 su libro Misterium Cosmograficum.

Veamos entonces este breve, pero interesante documental elaborado por “Redes”, de Televisión Española.

Dado que nuestro interés se centra tan sólo en demostrar la relación entre el patrón que hallaron los pitagóricos y su relación con el cosmos dejaremos que el lector que desee profundizar en las leyes de Kepler siga los enlaces facilitados.

A continuación proporcionamos otro magnífico video elaborado por la NASA donde recogen la música “celestial”.

Dejamos, para finalizar este post, el cuerpo celeste más importante de nuestro sistema solar y su música:

Sin duda los griegos eran grandes místicos y conocían a la perfección no sólo las matemáticas, la física, la química, la bilogía, o la filosofía, sino que además disponían de conocimientos de alquimia. Para ellos existía, al que podemos llamar “Patrón Sagrado”, y que fundó la base de  filosofía y ciencia actual. Pero… ¿realmente fueron los griegos los primeros en hablar de ello? La respuesta es, no.

Pero antes de explicar el motivo debemos dar aún unos cuantos pasos más necesarios para ir entendiendo el conjunto y sacar conclusiones.